De aquí a 2030, la transformación del mercado laboral y las nuevas necesidades empresariales implica tener nuevas habilidades tanto técnicas como humanas, no solo para que los trabajadores destaquen más, sino para que las empresas compitan mejor
Actualizarse es la prioridad de empresas, empleadores y trabajadores ahora y en el futuro cercano. El Foro Económico Mundial ha anunciado que el cambio es inminente. En materia de tecnología, economía, demografía y transición verde, mientras se proyecta la generación de 170 millones de nuevos empleos, otros 92 millones serán desplazados, de aquí al 2030.
El FEM anunció, además, que cerca del 40 % de las capacidades que se necesitan en los cargos actuales deberán cambiar. Es el desfase lo que supone el principal obstáculo, según el 63 % de empleadores encuestados.
La velocidad con la que evolucionan los procesos, las tecnologías y las dinámicas laborales está haciendo que muchas competencias queden obsoletas en periodos cada vez más cortos, obligando a repensar cómo se construye hoy la empleabilidad, tanto tecnológicamente como humanamente. Así lo explica Maite Moreno, directora del Master en Recursos Humanos en EAE Business School, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades.
“El reskilling es ya un requisito mínimo para sobrevivir a lo competitivo e incierto de los entornos laborales”, afirma. “Aprender rápido es tan valioso ahora como saber mucho; la actualización determina qué tan pronto se pierde relevancia profesional, y quedarse rezagado deriva en que las empresas se queden atrás frente a sus competidores más ágiles”.
Aunque el foco suele ponerse en las habilidades técnicas o digitales, las organizaciones están demandando también otro tipo de capacidades, como el pensamiento crítico, la resolución de problemas complejos, la comunicación efectiva y la toma de decisiones en escenarios ambiguos, pues en gran medida son habilidades difíciles de automatizar.
La experta destaca la capacidad de adaptarse al cambio, la colaboración en equipos diversos, la inteligencia emocional, especialmente en modelos de trabajo híbridos o remotos. Y va, incluso, en línea de lo que proyecta el Foro Económico Mundial como lo más valorado en los próximos cinco años.
“La tecnología por sí sola no genera valor si no hay criterio para interpretarla, cuestionarla y aplicarla”, señala la vocera de EAE Business School. “Por eso es que el desarrollo profesional debe pasar por el aprendizaje del uso de nuevas herramientas y la capacidad de combinarlas con experiencias prácticas, liderazgo de proyectos y aprendizaje basado en la resolución de problemas”.
No obstante, el balance que tiene el reskilling entre competencias digitales y humanas es un punto que se alcanza solo cuando se entienden las tecnologías como un medio y no como un fin.
Otro punto que también se debe tener en cuenta es que no todos los procesos de reinvención profesional generan el impacto esperado. Muchas empresas y trabajadores suelen pecar en considerar la acumulación de cursos como la meta, sin tener en cuenta que debe haber una estrategia clara de base.
“Existe esta falsa idea de que cuanta más formación se tenga, más valor se adquiere, y no es una matemática tan sencilla. La experiencia, las competencias humanas, están sujetas a otros procesos”, agrega. “El reskilling es un proceso progresivo que requiere foco y aplicación constante, y ajustado a necesidades reales y particulares; no se pueden copiar tendencias sin evaluar si realmente encajan con el perfil, la trayectoria o los objetivos profesionales propios”.
Desde EAE Business School insisten en que el reskilling solo es sostenible cuando se aborda como un esfuerzo compartido, tanto de las empresas como de la academia. Espacios de aprendizaje aplicados, flexibles, actualizados, son complementos transversales que permiten avanzar en una misma dirección que lleva al crecimiento profesional a largo plazo.
Fotografía: Cortesía de EAE Business School


















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