Pastelería El Molino una de las paradas a considerar. Con una historia que se remonta a 1928, la pastelería llevó parte de su tradicional oferta de pan y repostería
Si una concha, una oreja o un cuernito son parte de tus antojos favoritos, el fin de semana en la Ciudad de México, del 11 al 13 de septiembre, la Utopía Elena Poniatowska Amor, en Coyoacán, fue sede de la primera edición del Festival del Pan Dulce Mexicano, un encuentro que reunió a más de 30 productores de distintas regiones del país.
Durante tres días, los visitantes pudieron conocer y probar una amplia variedad de panes tradicionales, además de acercarse a las técnicas y saberes de los maestros panaderos. Entre los imperdibles estuvieron las conchas, chilindrinas, garibaldis, campechanas, cocoles, besos, piedras, churros y cubiletes.
Y para quienes llegan al festival con ganas de darse un buen gusto, Pastelería El Molino una de las paradas a considerar. Con una historia que se remonta a 1928, la pastelería llevó parte de su tradicional oferta de pan y repostería, con opciones que van desde las clásicas conchas hasta cuernos rellenos, además de pasteles, panqués y otros favoritos. Una buena oportunidad para probar, descubrir y, por supuesto, salir con algo dulce para el camino.
El programa también contempló demostraciones de elaboración, conferencias, un “Museo Vivo” con obras inspiradas en el universo del pan y presentaciones musicales. La entrada fue gratuita.
La celebración llega además en un momento especial para la panadería mexicana, pues forma parte de las actividades relacionadas con la declaratoria de “Los saberes y prácticas del pan dulce tradicional” como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México, un reconocimiento a las personas, comunidades y conocimientos que mantienen viva esta tradición.
Fotografía: Cortesía Festival del Pan Dulce Mexicano

















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