Berenice Rangel*
Cuando arrancó este año, la conversación giraba en torno a infraestructura, turismo, inversión extranjera, derrama económica y proyección internacional para nuestro país por ser una de las sedes mundialistas. Sin embargo, moderando un panel me di cuenta que existe una dimensión estratégica que merece mayor atención: el papel que las mujeres empresarias están desempeñando en la arquitectura económica que se está construyendo alrededor de uno de los eventos más importantes del planeta.
Sí, todos sabemos que México tiene una oportunidad histórica por ser sede mundialista y que tenemos la gran expectativa de recibir millones de visitantes; lo cual significa integrarse a una compleja cadena de valor global que moviliza sectores tan diversos como hospitalidad, gastronomía, logística, tecnología, comunicación, comercio, sostenibilidad, industrias creativas entre otros.
Trabajando de la mano con empresarias latinas que han elegido México como plataforma de negocios observo que tienen una oportunidad única de posicionarse dentro de esta nueva arquitectura económica.
Muchas de ellas lideran empresas altamente innovadoras, flexibles y con gran capacidad de adaptación. Sin embargo, el siguiente nivel de crecimiento no dependerá únicamente de su creatividad o visión empresarial. Dependerá de su capacidad para institucionalizar sus negocios.
La economía global está evolucionando hacia modelos que exigen a las PyMEs estar preparadas para operar bajo estándares internacionales porque lo que para algunas puede parecer solo un requisito administrativo, en realidad constituye un pasaporte para acceder a mercados de mayor valor.
Tal vez, alguien pensará que el legado más importante que puede dejar la Copa Mundial 2026 para las mipymes sea el incremento temporal en sus ventas. Sin embargo, el legado puede ser mucho más valioso y es a través de “la transformación de miles de empresas locales en organizaciones preparadas para competir globalmente”.
Cuando una empresa fortalece sus estructuras legales, fiscales, institucionales y de cumplimiento, no se prepara únicamente para un Mundial, se prepara para exportar, para recibir inversión, para participar en licitaciones internacionales, para integrarse a cadenas globales de suministro, para crecer de manera sostenible, etc.
Es por eso que pienso que estos grandes eventos internacionales no generan valor únicamente durante los días de competencia y que la verdadera oportunidad se encuentra en la preparación previa y en el legado económico que permanece después.
Esta diversidad empresarial representa uno de los activos más valiosos de México: la capacidad de conectar talento local con visión global.
Viviendo en carne propia este oleaje, me doy cuenta que en efecto cuando estas empresas acceden a oportunidades de mercado vinculadas a grandes eventos, el efecto multiplicador alcanza a familias, comunidades y ecosistemas productivos completos.
La Copa Mundial 2026 puede convertirse en un laboratorio de buenas prácticas para demostrar cómo el consumo inclusivo, las alianzas multisectoriales y el financiamiento con enfoque de género crean valor económico tangible para que ahora la conversación no se limite a cuántas mujeres participan en la economía que rodea a la Copa Mundial sino que pueda centrarse en cómo lograr que más empresas lideradas por mujeres desarrollen las capacidades necesarias para capturar oportunidades de largo plazo porque los grandes eventos terminan, pero las oportunidades comerciales evolucionan y las capacidades empresariales permanecen y esto es lo que verdaderamente deja huella.
*G100 Mexico Country Chair for Gender Lens Investing/ CEO de Aber Growup
Fotografía: Cortesía de Berenice Rangel


















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